sábado, 19 de septiembre de 2020

PANDEMIAS PRESENTES Y FUTURAS

 


LOS RESULTADOS DEL DESASTRE ECOLÓGICO

Mike Davis.- Llega el monstruo. COVID-19, gripe aviar y las plagas del capitalismo, Madrid, Capitán Swing, 2020, 175 páginas.

La cadena de confianza se ha roto en nuestro tiempo. Llamamos así a nuestra disposición a delegar en otros, con más conocimientos, nuestras decisiones sobre muchos asuntos que nos resultan incomprensibles dado que no podemos saberlo todo. Esta cadena tiene un largo, o corto, recorrido en función de la complejidad del tema. Imaginemos la cantidad de otros que serían necesarios para decidir oponerse, por ejemplo, a la energía atómica. Que se haya roto esta cadena significa que la verdad y el conocimiento de la realidad han perdido fuerza siendo sustituidos por la persuasión y los relatos de opinión. Supone que esos otros ha sido cambiados ahora por impostores, trileros, manipuladores o, simplemente, ignorantes que, sin embargo, pretenden hacer creen que no lo son. Por eso, estamos en peligro. El desnivel existente entre lo que sabemos y lo que necesitaríamos saber ya no puede resolverse fácilmente con otros pues ahora es muy difícil saber en quién depositar nuestra confianza estando, como están muchos, al servicio de intereses espurios, de la mentira y la posverdad.

El libro de Mike Davis, reedición hecha ahora a partir de la publicada en 2005 por El Viejo Topo, cuyos únicos cambios son la inclusión de una introducción y la eliminación de dos capítulos, es un ejemplo de que esta cadena de confianza aún funciona, sobre todo para vencer la dificultad de entender la complejidad de las pandemias cuando se quieren poner en juego todos los elementos determinantes en ellas y no solo la estrictamente médica: una afirmación como “la esencia de la amenaza de la gripe aviar consiste en que un virus de la gripe, mutante, de una agresividad espantosa, que ha evolucionado y ahora se encuentra atrincherado en los nichos ecológicos recientemente creados por el agrocapitalismo, busca un nuevo gen o dos que le permitan viajar a una velocidad pandémica a través de la humanidad densamente urbanizada y en su mayoría pobre” (p. 56), una afirmación así supone tener presentes conceptos e informes analíticos epidemiológicos, médicos, sociológicos, de urbanismo, etc. Y en esa amplia red de conocimientos colectivos sustentados en procedimientos científicos es en los que se sostiene todo el ensayo de Davis. Su tarea, pues, es establecer los nexos: lo que es causalidad, lo que es determinación, lo que son condiciones, lo que son procesos, etc. y traducir todo un conjunto de ideas difícilmente comprensibles sin los conocimientos especializados de la ciencia. Davis hace de intermediario, nos permite confiar y delegar en él, como el confía y delega la información en otros.  Para Davis, el encuentro con otra pandemia, que constituye el centro de este libro, la de la gripe aviar, se produjo cuando tuvo “una imagen clara del sufrimiento humano (…) una niña de once años, moribunda, acunada en los brazos de su joven madre, fue la pietà que me movió visceralmente a escribir este pequeño libro” (p. 52). Para Davis, la pandemia de la COVID-19, a la que dedica una treintena de páginas al comienzo del libro, es solamente una continuación de nuestra forma ecocida de actuar en la naturaleza y de someternos a los intereses acumulativos del capital, que ha estado precedida por otras y a la que seguirán otras más. La de la gripe aviar, que avisó en Tailandia en 2003, sigue siendo para él inminente: “el monstruo de la gripe original, la cepa H5N1, cuenta en estos momentos con unos hermanos aviares aún más letales -H7N9 y H9N2” (p. 10). Su amenaza procede, citando a-Rob Wallace- de que “la cría industrial de aves de corral para las empresas de comida rápida se ha convertido en una diabólica incubadora y distribuidora de nuevos tipos de gripe”. (p. 10). Este libro, que sigue paso a paso el desarrollo de los más peligrosos virus gripales, los intentos de tratamientos médicos contra ellos, los conflictos políticos, los diferentes efectos entre las clases sociales, concluye con una terrible sentencia “y ahora, con un verdadero monstruo ante nuestra puerta -tan terrible como los imaginados por la literatura de ciencia ficción-. ¿despertaremos a tiempo? (CVH)

martes, 21 de julio de 2020

EL LENGUAJE COMO PRÁCTICA SOCIAL


ENCRUCIJADA DE IDEAS
Inna Tylkowski.- Vološinov en contexte. Essai d’épistémologie historique, Limoges, Lambert-Lucas, 2012, 377 páginas.
Para el lector occidental este libro es mucho más que lo que la propia autora declara en sus conclusiones: su objetivo -dice Tylkovski- sería “verificar la hipótesis de que la lectura de los trabajos firmados en los años veinte por Voloshinov, considerado como investigador independiente de Bajtin y de Medvedev, permitiría comprender el pensamiento, la lógica y la terminología [de su obra]” (p. 249). Sin embargo, con su trabajo conocemos además todo un panorama de lo que fueron, en las primeras décadas del siglo XX, los estudios sobre lingüística, sociología y psicología, muchos de los cuales sencillamente ha sido ocultados o silenciados. En primer lugar, su minuciosa investigación, sus comentarios rigurosos y las numerosas traducciones que hace del ruso ponen ante nosotros todo un panorama oriental de estos estudios. Reconstruye, casi pieza a pieza, las teorías, los debates, las instituciones que se produjeron en la URSS durante los años veinte, de una notable riqueza, que comprenden aspectos más amplios y que exploran ámbitos -en algunos casos radicalmente diferentes- de los que conforman la norma académica en las sociedades capitalistas. Este contexto nos confirma en la inexistencia de genios: el trabajo intelectual es una lenta y progresiva discusión, análisis y reflexión sobre temáticas, metodologías e ideas que tienen, en algunos casos, una larga tradición, y cuyas modificaciones y resignificaciones proceden del lugar social que ocupan y de los efectos que producen los conflictos y transformaciones materiales en el conjunto de discursos científicos y filosóficos que sostienen una sociedad. La distinción occidental/oriental ya fue usada por Brecht para tratar de conmover los cimientos del teatro tratando de constituir formas nuevas de construcción teatral, nuevos procedimientos dramatúrgicos, medios de interpretación distintos a los instituidos en la tradición occidental, animado por la productividad del discurso marxista. Puede, por ello, servirnos para entender en parte las razones por las que todo este panorama diverso no aparece con el mismo tratamiento en los grandes manuales y estudios sobre estas tres disciplinas.
En segundo lugar, la obra de Tylkowski utiliza esa reconstrucción para que comprendamos el trabajo que realiza Voloshinov en relación con el lenguaje y la consciencia, al mismo tiempo que deshace uno de los argumentos que circulan en relación con los llamados “textos disputados” con el que se atribuyen sus obras a Bajtin y que se refiere a la mera interpolación de frases y sentencias de orientación marxista con la que se pretendería hacer pasar un libro cuyas ideas, supuestamente, nada tienen que ver con el marxismo. Al contrario, lo que descubre Tylkowski es que Voloshinov está tratando de construir una filosofía marxista de la comunicación, que la productividad del discurso marxista opera en cada una de sus afirmaciones y que, por tanto, no se trata de un mero camuflaje para que los ensayos aparenten ser lo que no son. De paso, esta descripción de la teoría de Voloshinov, que sirve, además, perfectamente como una introducción a la lectura de sus textos, funciona como confirmación de que no es Bajtin el autor de los libros y artículos que se le habían asignado, fundamentalmente de Freudismo (1927) y de Marxismo y la filosofía del lenguaje (1929).
Pero ¿quién es Valentin Voloshinov? Sin apenas biografía conocida, los pocos datos que tenemos de este pensador ruso, crítico con el llamado formalismo (Eichenbaum, Tinianov o Jakobson), aparecen en las primeras páginas del libro y dispersos entre los comentarios sobre lo que parece que leyó y lo que discutió en sus libros. Liquidada su obra en los años treinta, en los tiempos de la progresiva conversión autoritaria y represiva de la política soviética, reapareció forzosamente cuando se trató de presentar en occidente un pensamiento literario y filosófico nuevo, de la mano de Micahel Holquist y otros académicos: Mijail Bajtin. De la oportunidad del “descubrimiento” y del uso dado al mismo ya hay un brillante trabajo de Jean Paul Bronckart y Cristian Botha, Bajtín desenmascarado (2011), al que dedicamos un comentario en la página del este blog correspondiente al día 11/09/2013. El enmarañado asunto se saldó con la consideración de Voloshinov y de Pavel Medvedev como meros nombres bajo los cuales escribió y publicó Bajtin. Suficientemente justificada la falsedad de esto con el trabajo de Bronckart y Botha, la cuestión es tratar ahora de componer una biografía más amplia que nos permitan saber quién fue Voloshinov y si su obra tuvo alguna repercusión antes de su obligada vinculación a Bajtin. A excepción de algunos grandes investigadores, como Vigotski o Eichenbaum, la sociología, la psicología y la lingüística rusa solamente han tenido oportunidad de conocerse en aquellos casos en los que discurría por la corriente occidental dominante, todo lo demás -lo poco que se ha conocido en castellano- ha sido gracias a los volúmenes que se publicaron en Cuba en los años sesenta y setenta que, sin embargo, presentaban en muchos casos otro tipo de mutilaciones.
El libro de Tylkowski es un excelente estudio sobre la obra de Voloshinov. Ella misma ha sido la traductora de una versión francesa de Marxismo y filosofía del lenguaje (publicada 2010) a la que ha puesto una introducción. Si bien no es este el lugar para ahondar en la obra del filósofo ruso, si conviene decir que el trabajo de Tylkowski acierta totalmente al mostrar el esfuerzo de Voloshinov para explicar la psicología, la lingüística y la sociología -la situación del ser humano, en definitiva- a la luz del materialismo histórico-dialéctico con el que se trataba de comprender el mundo, siendo que tal denominación se aparta completamente del modelo mecánico y formalista en que se fue solidificando durante el cambio que sufrió la URSS desde finales de los años veinte. Es evidente que el material intelectual que elabora este libro será sin duda valioso para las nuevas tendencias críticas que quieran abordar los problemas de la subjetividad, la conciencia, la ideología o la enunciación fuera del marco occidental. (CVH)

viernes, 10 de julio de 2020

A VUELTAS CON LA CULTURA POPULAR

UN TEATRO PARA/POR/SEGÚN EL BARRIO
Roberto Angulo.- El gayo vallecano (1978-1984), Madrid, A. C. Agita Vallecas, 2019, 308 páginas.
Para construir una historia cultural es necesario, en primer lugar, acumular toda una serie de documentos, de distintas índole (testimonios, programas, manifiestos, artículos de prensa, etc.), que permitan delimitar y articular el campo de lo acontecido. De hecho, lo que sigue a este proceso es un trabajo de elaboración de una narración -coherente y justificada- que enmarca lo que antes eran solamente elementos sin conexión, independientes. La tarea de historizar es, precisamente, decir que algo pasó y cómo –y en qué condiciones- pasó. La primera operación es la que realiza el libro de Roberto Angulo para dar cuenta del proyecto cultural que funcionó en el barrio madrileño de Vallecas entre 1978 y 1984 denominado El gayo vallecano, sala de teatro –principalmente- pero también de conciertos y talleres. Un espacio de actividades, en ausencia de edificios municipales o privados dedicados a ello, cuyo nombre se completaba con el de Centro Cultural Ciudadano Fuenteovejuna.
El libro de Angulo recopila un número importante de datos sobre esta sala para contar las seis temporadas que estuvo abierta. Desde lo más relevante, la programación que hizo de teatro de adultos e infantil (con obras fundamentales del teatro español como Herramientas de Salvador Távora, Ligazón de Valle-Inclán, o Ahola no es de leil de Alfonso Sastre; e internacional, como El preceptor de Lenz o Arlequín, servidor de dos amos de Goldoni) hasta los talleres de formación actoral, voz, cerámica, instrumentos musicales, etc., pasando por la gestión de muestras teatrales (de barrios, de las nacionalidades, etc.) y encuentros (juvenil de teatro clásico). El gayo vallecano sirvió, también, como plataforma reivindicativa y como espacio para la organización de eventos solidarios (como el acto en apoyo por los damnificados por el aceite de colza). Cuenta el libro con numerosos artículos y fragmentos de artículos publicados en la prensa de la época y en la propia revista de la sala. Todo este material está organizado cronológicamente con lo que se define una secuencia que siempre esta precedida por unas breves líneas sobre el contexto histórico. Este relato transparente, sin embargo, no pasa de ser ese trabajo de documentación inicial que se necesita para cualquier intento de explicar los procesos culturales. Quedan fuera del libro algunos aspectos fundamentales de la historia de El gayo vallecano, y que afectan a cualquier intento de explicación de lo sucedido en España durante la transición: en primer lugar, comprender las disonancias –que se esbozan en algunas líneas- y las contradicciones entre lo que fue claramente un intento de inscribir en lo popular una cultura ciudadana, es decir, una politización del pueblo orientada a la formación de individuos con plenos derechos y responsabilidades en la organización de la sociedad, que choca con la imposibilidad del barrio de mantener el proyecto. Se cita, en este sentido, un texto de Fermín Cabal en el que se afirma “no se nos ocultan los problemas que puedan derivarse de nuestra escasa implantación en el barrio. Valga como ejemplo la mermada asistencia a la Asamblea General de socios” (p. 69). 
En segundo lugar, falta una reflexión sobre el lugar que tal proceso de trabajo cultural tuvo en una España que atropelladamente, y sin demasiadas delimitaciones, se entregaba a la posmodernidad y a las culturas del simulacro. En tercer lugar, y más allá de las declaraciones de los propios fundadores de El gayo vallecano, se necesita saber si aquello sobre lo que se fundamentaba todo el proyecto estaba cohesionado o eran sencillamente agregaciones voluntaristas. Esto es, lo que propiamente significa hacer historia. Así, pues, el libro de Angulo nos da ordenadamente un conjunto de datos pero no los articula, cree que la simple exposición de los mismos explica algo.
A pesar de lo cual, lo que hace este libro es mostrar otras tendencias que conformaron también la historia del teatro, distintas a los grandes teatros nacionales, municipales y a los grandes teatros privados, y a sus públicos. Y diferente a las grandes publicaciones que los acompañan. Nos falta una historia cultural. (CVH).

sábado, 9 de noviembre de 2019

EL CAPITALISMO YA ESTÁ EN NUESTRAS CABEZAS


FELICIDAD SISTÉMICA
Edgar Cabanas y Eva Illouz.- Happycracia, Barcelona, Paidós, 2019, 219 páginas. 
Nos contamos de uno en uno. Nos nombramos: este es tal, ella es cual. Nos narramos de vida en vida: somos lo que ha dado de sí cada una de esas vidas. Cada cual tiene su mundo, se dice. Nuestros sentimientos son personales, se afirma. Pero nada de todo esto es natural. Un individuo es, básicamente, una construcción histórico-social. Como tales hemos sido formados en las sociedades liberales. Entonces, ¿qué es un individuo para el liberalismo? Básicamente una persona que posee el bien preciado de la libertad (que puede decidir), que es autónomo (que no depende de nadie) y que cuida de sí mismo por encima de todo (que es feliz). Cualquier problema en alguno de estos tres pilares fundamentales supone una disfunción que debe resolverse aplicando la misma receta: más libertad, más autonomía y más felicidad. Las determinaciones y condiciones sociales que conforman las relaciones sociales son solamente “hándicap” para el liberalismo; las relaciones de hegemonía y poder que estructuran los conflictos sociales son únicamente una expresión de “la lucha por la vida”; la tristeza y la depresión que resultan del fracaso en el mundo ideal del liberalismo son patologías del propio individuo incapaz de “encontrarse a sí mismo”. Para sostener este mito, el liberalismo produjo toda una serie de ideas, imágenes y representaciones sociales que se fueron filtrando a través de leyes, películas, poemas, conversaciones de radio, discursos políticos sobre la libertad de elección, consultas psicológicas, etc. Con una de estas representaciones comienza este demoledor y brillante libro de Eva Illouz y Edgar Cabanas, con la película En busca de la felicidad (2006): p. 12. ¿Cómo sale el protagonista de el lugar marginal en el que ha caído con su hijo: “persiguiendo su sueño y perseverando en el trabajo”: consiguiendo feliz.

Conocemos de sobra la ideología liberal en lo que se refiere a la política y la economía, pero hasta hace unas décadas no hemos conocido cómo funcionaba esta ideología en relación con las representaciones de los individuos como sujetos pasionales, emocionales y sentimentales. Desde hace varios años, Eva Illouz viene trabajando sobre todo lo concerniente al amor, la felicidad, la voluntad, etc. Como sabemos, el neoliberalismo radicalizó los procesos de mercantilización de actividades no propiamente productivas como la salud, el conocimiento, el tiempo libre, etc. Para ello debía producir necesidades y hacer que las mismas tuviesen una relación con fenómenos que estuviesen ocurriendo en la sociedad, aunque los mismos derivaran del sistema social y no de la vida de los individuos. Uno de los últimos nichos de mercado ha sido la felicidad, para lo que se ha construido toda una industria. Illouz y Cabanas lo plantean así: “la felicidad -según plantea la misma- se considera un conjunto de estados psicológicos que pueden gestionarse mediante la voluntad; como el resultado de controlar nuestra fuerza interior y nuestro auténtico yo” (p. 13). Se ha conseguido hacer depender la felicidad de nuestro encaje en el mundo ideal liberal dominante. Pero la industria, para prosperar, necesita hacer útiles y creíbles sus mercancías, y para ello requiere de una justificación “científica” que legitime su importancia: por ello surgió la psicología positiva a comienzos del siglo XXI.

Illouz y Cabanas no escriben contra la felicidad sino contra los presupuestos infundados, los falsos problemas, los razonamientos incoherentes y las generalizaciones exageradas que propugna esta nueva ciencia, y contra la utilización espuria que hace de los clásicos confundiendo los términos al utilizar las mismas palabras. No escriben contra los sentimientos de soledad, tristeza sino contra la afirmación que la psicología positiva hace de que “la riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad son fruto de nuestros propios actos” (p. 19). La carga de la prueba cae sobre los individuos: ¿no estáis tristes?, ¿no os sentís fracasados?, pues eso significa que no sois felices. Pero basta poner las cosas de pie para darse cuenta de que habría otra respuesta: qué hay en ese sistema social que me hace triste, fracasado e infeliz. Lo escribió en el siglo XIX Georg Büchner. Tampoco escriben contra la necesidad de salir de la tristeza o del sentimiento de fracaso, sino contra los efectos perversos que tienen las técnicas generadas por la industria de la felicidad, como el coaching, el mindfulness, los libros de autoayuda o los métodos vulgarizados y reducidos a pura espiritualidad vacía de pensamiento interior, que a menudo multiplican las insatisfacciones y las frustraciones de los individuos o, en el mejor de los casos, los condena a una ceguera absoluta sobre los verdaderos orígenes de los problemas emocionales y sentimentales. “El mindfulness reifica la interioridad”, o sea, la trata como una cosa (p. 76).
Happycracia (el título es lo único desafortunado del ensayo) señala los pasos dados por la industria de la felicidad y su discurso legitimador, la psicología positiva, para conseguir imponer en las personas su concepción deformada de los individuos (¡Gestiona tus emociones!, ¡Tú eres tu marca!)) y abrir un gran mercado de productos (¡Pon un app en tu vida!), dado que su gran éxito lo constituye el haberse colado como programas fundamentales en las empresas y, ahora, en colegios, institutos y universidades. Los pequeños individuos ya crecerán con la verdad liberal instalada en sus cerebros a través de cursos, talleres de positividad y programas. Mientras tanto, “se siguen debilitando los marcos de sentido con una concepción más amplia de interés común” (p. 79) y, de paso, favorecen el control social (p. 180). Todo un éxito que hay que arruinar. (CVH)