ERNESTO LACLAU: “LO QUE TENEMOS QUE HACER ES AVANZAR HACIA UNA CONCEPCIÓN AMPLIADA DE LA RAZÓN"
Hoy, 14 de abril de 2014, ha muerto el politólogo y filósofo Ernesto Laclau. Nacido en Buenos Aires en
1935, Ernesto Laclau ha sido profesor de Teoría Política en la Universidad de Essex
(Inglaterra). Su trabajo intelectual ha ido progresivamente incorporando
herramientas teóricas de otras disciplinas académicas (filosofía, lingüística,
historia) para estructurar un modelo
de análisis de la realidad social y política. Laclau escribió sus primeros
artículos y ensayos en los años 60 vinculando su actividad al socialismo
argentino, y manteniendo como centro de atención la historia de las
mentalidades y los procesos de trasformación política en Argentina. En los 70
orientó sus investigaciones hacia un tratamiento de las categorías y los
conceptos de capitalismo, fascismo y populismo, para dar cuenta de una teoría de la articulación. Sus
resultados se publican en el libro Política
e ideología en la teoría marxista (1977). En los 80 edita con Chantal
Mouffe Hegemonía y estrategia socialista (1985)
que tiene como eje central la teoría de la hegemonía de Gramsci. Un libro que
supuso una ruptura con la teoría más ortodoxa
del marxismo y cuyo programa interno era una radicalización de la democracia. Su trabajo incorpora, ya en los
90, la obra de Derrida y Lacan como instrumentos de enriquecimiento de la
teoría política para adentrarse en la lógica de formación de las identidades
colectivas. Conceptos como demanda, discurso, significante vacío, o hegemonía
adquieren una dimensión nueva y una gran productividad. El resultado es Nuevas reflexiones sobre la revolución de
nuestro tiempo (1990), Emancipación y
diferencia (1996), Misticismo,
retórica y política (2002), La razón populista (2004), y Debates y combates (2008). Su trabajo ha sido fundamental para iluminar un discurso radical para la emancipación social y la revolución. Se publica aquí, como recuerdo y homenaje, la entrevista que El Nudo de la Red, le hizo para el nº 5. CVH
El Nudo de la Red.- ¿Cómo definiría el concepto de democracia
radical? ¿Considera que el ejemplo de los presupuestos participativos de Porto
Alegre, la experiencia de los piqueteros en Argentina o la del movimiento okupa
puede situarse en este ámbito de la democracia radical?
Ernesto Laclau.- Respecto al
Foro de Porto Alegre, esa es la expresión más clara de lo que nosotros llamamos
democracia radical. La idea es que hay una autonomización de demandas en una
cierta dirección, por una parte, y la creación de un lenguaje relativamente
común, por la otra. Por ejemplo, la idea de las internacionales clásicas es que
tenía que haber un lugar fundamental a todos los niveles porque trabajaban con
una teoría de los sujetos políticos que eran considerados homogéneos porque se
fundaban en la clase. La idea marxista clásica sostenía que había una
simplificación creciente de la estructura social bajo el capitalismo de modo
que iban a desaparecer las clases medias y el campesinado y al final lo que
tendríamos sería una masa proletaria unificada, quedando de esta manera acabada
la historia. Así, afirmándose en la defensa sectorial de los trabajadores y
dejando que el capitalismo hiciera su obra, que iba a ser la disolución de
todos los otros sectores sociales, se iba a llegar a representar la vasta
mayoría de la sociedad. Por eso es que la acción de los partidos
socialdemócratas en el viejo sentido de la palabra, era considerada como fundamentalmente
centrada en los sindicatos y en el partido como expresión política del
movimiento obrero. No había una teoría de las alianzas porque todas las
alianzas eran episodios efímeros y se fundaba en el largo plazo en las leyes de
la evolución capitalista. Ahora bien, lo que ha ocurrido es exactamente lo
contrario, es decir, la estructura social bajo el capitalismo, lejos de ser más
unificada, ha pasado a ser cada vez más heterogénea. Esto ya, por ejemplo, lo
reconocía Gramsci, que sostenía que la hegemonía tenía que ser una articulación,
alrededor de un núcleo de clase, de una serie de elementos heterogéneos. Con el
proceso de globalización, los puntos de ruptura y de antagonismo que el
capitalismo globalizado genera se están multiplicando. Expresiones como el Foro
de Porto Alegre son expresión de una democracia radical porque por un lado hay
una serie de talleres en torno a problemas autónomos: las mujeres en Zimbawe,
los movimientos antisistemáticos en distintas sociedades, etc, pero por el otro
lado se trata de establecer una cierta vinculación de temas que generan una
especie de lenguaje unificado, o sea, que no es la unificación total que la
segunda, y después, la tercera internacional presuponían; pero existe de todos
modos una cierta universalización de una línea de fuerza. A eso se asocia la
idea de democracia radical.
El Nudo de la Red.- En todo caso esa democracia se plantearía en
términos de un ámbito mayor que son los hechos sociales o la sociedad. Cómo lo
plantea usted, porque la sociedad no aparece como un elemento de análisis
directamente encontrable en sus textos, aparece como resultado de una serie de
cosas. La sociología empieza siempre por todo lo contrario: la sociedad,
constitución de la sociedad, etc. pero usted lo que hace es decir vamos a otros
nociones o a otros puntos para, a partir de ahí, ver lo que se puede.
Ernesto Laclau.- Para mí la anatomía de lo social es lo político.
Es decir, la articulación política es la base de toda relación social. Para una
conexión clásica lo político es simplemente una superestructura de lo social,
lo que nosotros vemos es que, al contrario, lo social es el mundo de las
prácticas sedimentadas. Pero esas prácticas sedimentadas no tienen leyes de
desarrollo propias y se ven interrumpidas en una cantidad de puntos por vacíos
que requieren actos de refundación originaria y estos actos de refundación
originaria son actos políticos. O sea, yo diría que lo social es simplemente la
sedimentación de lo político cuando los rasgos de fundación originaria se han
ocultado. Es un poco una concepción que tomo de Husserl, aunque Husserl no lo
atribuía a lo político evidentemente, pero para Husserl el sujeto fundamental
es el origen de lo que llamaríamos lo social, y lo social sería un mundo
sedimentado en el cual los actos de fundación originaria se han ocultado y ese
olvido de los orígenes es la base de lo social, mientras el momento de
reactivación es volver a los orígenes, es decir a los actos de constitución
política originaria. Está claro que por político en este sentido yo no entiendo
ninguna disciplina regional ni los partidos ni nada de eso, sino la práctica de
la articulación social como tal.
El Nudo de la Red.- Siguiendo en esta misma línea, la economía sí
tiene una posibilidad de refundar constantemente. ¿Por qué no podría ser lo
económico?
Ernesto Laclau.- Porque lo
económico no es un campo unificado, lo económico se articula políticamente también.
Es decir, por ejemplo, la noción clásica del marxismo, que viene derivada de la
economía clásica, es que la economía era un mundo homogéneo que se desarrollaba
de acuerdo a leyes endógenas. Ahora esa visión no la defiende hoy día casi
nadie, excepto los neoliberales que creen todavía que el mecanismo del mercado
es un mecanismo autónomo que produce efectos societarios. Al contrario, lo que
se ve cada vez más claro es que la economía depende de articulaciones que son
ellas mismas contingentes, de modo que la economía tiene una forma de
articulación política. Ahora las articulaciones políticas que tienen lugar en
el campo de lo que se llamaba tradicionalmente lo económico, son desde luego muy importantes porque aquello que
afecta a la producción social de la riqueza evidentemente tiene una repercusión
mayor de lo que tienen otras esferas, pero la misma articulación de lo
económico siempre es política.
El Nudo de la Red.- Usted ha realizado una crítica de la
epistemología moderna. En la idea de crisis de la razón que algunos
intelectuales plantean, usted no considera necesario refundamentar la razón.
Ernesto Laclau.- La forma que yo di a la cuestión es que no se
trata de abandonar la razón por alguna forma de irracionalismo como en cierta
forma se ha tendido a hacer. Lo que tenemos que hacer es avanzar a una
concepción ampliada de la razón que ya no es racionalista en el sentido
clásico. Por ejemplo, ¿cómo se articulan las lógicas sociales? ¿Cuál es la
racionalidad de las lógicas sociales? Yo creo que lo que es fundamental en el
campo de una racionalidad social son lo que hemos llamado las relaciones de
equivalencia y de diferencia y que estas tienen una base retórica. La retórica
en el sentido clásico era simplemente un adorno del lenguaje, porque se
consideraba que a nivel fundamental lo social se articulaba por lógicas
sustantivas que no estaban ligadas a movimientos tropológicos o figurativos, pero hoy lo que se
expande es otro tipo de lógica que es la lógica retórica y eso constituye una
forma de racionalidad distinta. Por eso he insistido mucho en mis trabajos en
la centralidad de la categoría de catacresis[1].
El Nudo de la Red.- ¿Se
considera un crítico de la epistemología moderna?
Ernesto Laclau.- ¿Quién no es un crítico de la epistemología
moderna hoy día? Desde que Kuhn formuló sus paradigmas y Feyerabend, después,
profundizó esa línea crítica, todo el mundo es crítico de la epistemología
clásica. El único que sigue manteniendo una ligazón con esta tradición es la
forma limitada de los popperianos.
El Nudo de la Red.- Desde Política e ideología en la teoría marxista
en que aparecen una serie de planteamientos en torno a Poulantzas y Althusser, su
obra ha tenido siempre interlocutores teórico fuertes con los que discute, en Hegemonía y estrategia socialista Gramsci,
ahora Lacan. Me gustaría que hiciera una evolución de cuál era el objeto de
estudio desde ese primer libro y como ha ido evolucionando, y que relación
guardaba con esos pensadores como Althusser, Gramsci o Lacan ahora.
Ernesto Laclau.-Política e ideología en la teoría marxista
es claramente un trabajo tradicional. Porque por un lado se afirmaba un
conjunto de nuevas identidades lógicas que eran muy heterogéneas desde el punto
de vista del marxismo tradicional, por ejemplo, la noción de pueblo que estaba
ya allí no hubiera sido aceptada por el marxismo clásico, aunque Mao Tse Tung
hablaba ya de contradicciones en el seno del pueblo e introducía elementos
populares, y la noción de lo nacional popular en Gramsci también va más allá
del marco del marxismo clásico. Pero si bien estaba el comienzo de una
reflexión a este respecto que yo había explicado independientemente en
Argentina en los años 70, con el surgimiento del peronismo y otras cuestiones,
todavía seguía afirmando la noción de la contradicción en última instancia y
otras nociones que eran muy caras a la escuela althuseriana, pero que los
herederos de la escuela althusseriana, Balibar, Badiou, Rancière…, ya han
abandonado completamente hace mucho tiempo, y yo también lo abandoné. O sea,
que se hizo en mí un pasaje hacia un discurso más radical de la fundamentación
política de lo social básicamente introduciendo dos líneas de análisis, la
primera fue la deconstrucción, (fuimos amigos de Derrida y discutimos mucho
acerca de estas cuestiones, y evidentemente la deconstrucción ha tenido un
efecto importante en mi obra). La segunda ha sido la incidencia lacaniana. En
el último libro La razón populista (que
acaba de publicarse en castellano), trato de mostrar cómo la lógica de la
hegemonía, en el sentido que la he planteado, y la lógica del objeto a[2] en Lacan no son
simplemente homólogas sino que son absolutamente idénticas Se trata de un mismo
descubrimiento ontológico hecho en un caso desde el ángulo del psicoanálisis y
en el otro caso desde el ángulo de la política. Por ejemplo los estudios de
Joan Copjec, que es una teórica lacaniana norteamericana, han enfatizado una
línea de análisis en relación con el objeto parcial y el objeto a que coinciden, casi punto por punto, con lo que yo he
pensado acerca de la lógica hegemónica. Así que esos son un poco las grandes
momentos.
El Nudo de la Red.- Eso no
quiere decir que se desdiga, como se ha dicho en algunas críticas, de lo
escrito antes sino que es el resultado de la propia lógica de su trabajo.
Ernesto Laclau.- No, no en absoluto, en realidad el comienzo del
postmarxismo tuvo lugar en 1848 y tiene lugar en los mismos escritos políticos
de Marx. Lo que ocurre es que la misma concepción de la historia en Marx estaba
dominada por una ambigüedad: de un lado se decía que el sustrato más profundo
de la historia estaba dado por una historia de la producción, por la
contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción y que, por
consiguiente, el antagonismo social en un momento estaba subordinado a la forma
en la que los hombres vivían sus relaciones con las condiciones de producción
en que operaban pero que la lógica de la producción era un proceso natural que
operaba a espaldas de los mismos hechos históricos, esto está dicho
literalmente en estos términos en el Prefacio de Marx a la Crítica de la economía política. Por el otro lado se afirmaba, sin
embargo, que el motor de la historia era la lucha de clases, y las dos
concepciones eran perfectamente contradictorias entre sí. En el marxismo
clásico la primera concepción es la que domina, lo que ocurre después es que
como resultado de la contingentización de los procesos sociales, el mismo
leninismo ya afirmaba que la economía mundial no es un dato puramente económico
sino también político porque es una cadena imperialista, esta cadena
imperialista tiende a romperse por el lado más débil, lo que siempre he
encontrado un tanto redundante, porque es obvio que no se iba a romper por el
más fuerte. Chistes aparte, lo que eso implicaba es que la crisis en un punto
del sistema podía producir una dislocación en la relación de fuerzas en otro
punto que implicaba que los grupos sociales iban a tener que asumir tareas
distintas de las que la noción clásica de las leyes del desarrollo capitalista
les asignaba. Cuando, por ejemplo en los años 30, Trotski escribe que el
desarrollo desigual y combinado es el terreno de todas las luchas sociales de
nuestra época, lo que está haciendo, sin darse cuenta muy claramente, es
poniendo en cuestión la concepción clasista de la segunda y la tercera
internacionales para las cuales había una relación necesaria entre agente
social y tareas específicas. Ahora los agentes sociales pueden estar ocupados
en tareas completamente distintas. Esta nueva asunción modifica la identidad de
los agentes sociales y ahí es el momento en el cual el gramscismo trata de
sacar todas las consecuencias teóricas de ese proceso. Ahora, yo veo mi trabajo
como una nueva vuelta de tuerca dentro de esta tradición que es una tradición
que surca toda la historia del marxismo, la relación entre un postmarxismo hoy
día y el marxismo clásico es como la relación entre post-estructuralismo y
estructuralismo, que no implica un abandono de todo lo que implicó la
revolución estructuralista pero que desarrolla consecuencias que van más allá
del horizonte histórico del estructuralismo. Lo mismo ocurre con el marxismo.
Así que esa noción de que yo he abandonado absolutamente todo esto es una
visión completamente superficial. Yo me sigo considerando un gramsciano, en el
sentido básico, el problema es que en una época del capitalismo globalizado uno
tiene que radicalizar las intuiciones de Gramsci más de lo que él podía hacerlo
en el contexto histórico que él vivió.
El Nudo de la Red.- Habla en sus escritos del afecto como lazo
social. ¿Le parece que la noción de interés
que utiliza Bourdieu puede ser una forma de lazo social? ¿Por qué no ha discutida
las teorías de Bourdieu y sí, por ejemplo, las de Negri?
Ernesto Laclau.- Es en realidad algo que yo me propuse hacer en
algún momento, porque hay muchos aspectos en la obra de Bourdieu que tienen una
comunidad con problemas con los que yo estoy tratando. Él viene más de una
tradición sociológica y yo vengo de una tradición más lingüístico-estructuralista
y psicoanalítica, pero todos los caminos conducen a Roma y yo creo que muchos
de los análisis que él hace yo podría suscribirlos pensándolos desde un ángulo
un tanto diferente. Desde luego que yo creo que él es un pensador de mucha
envergadura.
El Nudo de la Red.- ¿Podría estar, entonces, dentro del marco de
sus preocupaciones las investigaciones de Bourdieu?
Ernesto Laclau.- Si, desde luego. Otra influencia, bueno no es
influencia porque no he pensado a partir de esto, pero si un punto de
convergencia es con ciertos aspectos de la teoría de Luhman. Ahora se ha
publicado en Alemania un libro que trata de hacer un estudio comparativo de las
teorías de Luhman y de la mía, en el que se han señalado muchos aspectos de
convergencia parcial.
El Nudo de la Red.- Zizek interpreta el antagonismo como lo Real
lacaniano, ¿Comparte esta visión?
Ernesto Laclau.- Yo creo que Zizek no entiende en absoluto qué es lo
Real en el sentido lacaniano. Brevemente, el problema es que lo Real lacaniano
es, no un objeto que sea especificable sino que es un límite en la constitución
de la objetividad, es decir, es algo con lo cual chocamos y que impide que lo
simbólico se pueda cerrar en torno a sí mismo, o sea, que a lo Real lacaniano
no se le puede asignar un contenido específico. Lo que Zizek dice es que el
capitalismo, en las sociedades contemporáneas, es lo Real lacaniano, es decir
que lo Real lacaniano sería la lógica capitalista y las relaciones
aparienciales entre los hombres sería el campo de la realidad. Ahora, para mí
eso no tiene ningún sentido, decir que lo Real lacaniano tiene un contenido
objetivo especificable, es simplemente subvertir la misma noción de un Real que
implica lo simbólico. La lógica capitalista es tan simbólica como otras
relaciones simbólicas que existen en la sociedad y por eso mismo la lógica
capitalista también está interrumpida por un Real que ella no puede dominar a
partir de sus propias categorías. Ahora, es alrededor de esto que ha girado el
análisis más importante. Por el contrario, la noción de lo Real que se
encuentra en la obra de Copjec es infinitamente más cercana a la concepción
lacaniana y a la teoría de la hegemonía que lo se encuentra en la obra de Zizek.
El Nudo de la Red.- Bourdieu o Zizek han encontrado su modelo
representacional como lo analiza Althusser o Nancy Amstrong. ¿Cree que este
modelo hay que enterrarlo enteramente?
Ernesto Laclau.- Para mí el problema fundamental es lo que se
entiende por la categoría de representación. Si la categoría de representación
implica que hay un objeto plenamente constituido respecto al cual una buena
representación sería una mimesis, una transparencia en relación con ese objeto,
evidentemente la categoría de representación no puede ser mantenida, yo creo
que en la categoría de representación hay otro tipo de proceso y hay un
desplazamiento de tipo tropológico por la cual algo que no tenía una entidad plena
accede al campo de la representación a través de algo que, si me permite la
expresión paradójica, es la representación de lo no representable, es un poco
como el noumeno kantiano[3] que
se muestra a sí mismo a través de la imposibilidad de su representación
adecuada, o sea, que ahí es el juego de lo representativo el que implica la
construcción del objeto. Por ejemplo, el objeto
a en Lacan se supone que es un sucedáneo de la cosa freudiana, pero la cosa
freudiana no tiene una existencia real, es simplemente una ilusión
retrospectiva, entonces, el objeto a
no es estrictamente representativo, si por representación se entiende la
existencia previa de lo representado, sino que lo que se da es un
desplazamiento por el cual la representación constituye al objeto mismo que
ella representa. Ahora, cuando esto se da, se puede estudiar a varios niveles,
se puede estudiar al nivel de la retórica, esto es lo que generaliza las relaciones
para la crítica; se puede dar al nivel del psicoanálisis, y ahí está la lógica
del objeto a que es una
representación no representativa también; y se da también al nivel de la
hegemonía porque la hegemonía no traduce una realidad sustancial que la precede
sino que construye esa realidad a través del proceso mismo de la
representación, eso es como yo presentaría la cuestión de la representación.
El Nudo de la Red.- Cuando usted habla de Relación Real ¿cómo
define el referente? ¿Por qué no se puede mantener su existencia?
Ernesto Laclau.- La historia intelectual del Siglo XX empezó con tres
ilusiones de acceso real al objeto: el referente, el fenómeno, y el signo, que
dieron lugar a las tres corrientes principales de pensamiento que fueron la
filosofía analítica, la fenomenología y el estructuralismo. La historia de las
tres es notablemente paralela. Porque en cierto momento la ilusión de tocar las
cosas en sí mismas se disuelve Por ejemplo, eso ocurre en la filosofía
analítica con las Investigaciones
filosóficas de Wittgenstein; ocurre en la fenomenología con la analítica
existencial de Heidegger y ocurre en el estructuralismo con la crítica
post-estructuralista del signo. O sea, que el objeto como tal, al cual se
referiría directamente un hombre, simplemente deja de existir, todo objeto real
es construido discursivamente en ese sentido e interrumpido por lo Real en el
otro sentido que sería el sentido lacaniano. Es muy importante la distinción
que hago acerca del proceso de nominación en el libro sobre populismo, porque
el estatus del significante vacío que unifica toda una cadena equivalencial que
constituye la identidad popular no puede ser un concepto dado que un concepto
siempre requiere algo objetivo que lo fundamente mientras que aquí el nombre
mismo es lo que es el fundamento de la cosa y aquí hago la distinción entre el
descriptivismo de Bertrand Russell y el anti-descriptivismo de Kripke y la
forma en que la teoría kripkiana ha sido reinterpretada por Lacan. Y una vez
que esa vuelta se da, es decir, que se afirma que la unidad del objeto es el
efecto retrospectivo de nombrarlo, entonces podemos ver exactamente lo que es
una relación hegemónica, que las demandas que son unificadas son al mismo
tiempo destruidas en el proceso de unificación, es la misma cuestión de la
representación que decíamos hace un momento.
El Nudo de la Red.- En este sentido, por poner un ejemplo concreto,
hay una visión espontánea de la realidad de alguien que vive el paro o la
miseria. ¿Cómo podría cualquier organización, cualquier persona, iniciar un
trabajo de investigación aplicando las categorías y los conceptos que usted
ensaya?
Ernesto Laclau.- Toda situación de ese tipo se puede generalizar,
en el sentido de que toda posición de sujeto va a estar penetrada por una falta
constitutiva, en el caso de la gente que no tiene empleo, gente que es dejada
de lado de toda posible inserción dentro del contexto social, por eso en el
libro sobre el populismo que publico se insiste mucho en la categoría de lumpenproletariado, se discute el caso de la marginalidad social como
constitutiva de todo sujeto. El problema es que no sería correcto decir que el
estar desempleado es algo, que es una situación transparente. Evidentemente la
gente sufre por estar desempleada, pero al mismo tiempo tiene que tener una
imagen de por qué esta desempleada y la imagen puede tener construcciones
discursivas distintas: uno puede decir que está desempleado porque el
capitalismo globalizado crea estos efectos, pero puede venir un religioso que
diga que está desempleado porque por tus pecados Dios te está castigando, es
decir que nunca hay una pura situación en la cual el desempleo estaría ajeno a
todo el horizonte a través del cual los sujetos desempleados construyen el
sentido de su propia situación. Por ejemplo, en Argentina esta situación de
desempleo después de la crisis del 2001 generó el movimiento piquetero que
comienza teniendo una lectura de porqué estos males afectan a la gente y
realiza una especie de ataque al sistema político y a la clase política como el
origen de todos estos males, y el desarrollo del movimiento piquetero después
empieza a producir un discurso cada vez más complejo en el cual una pluralidad
de situaciones concretas y males que la gente padece empiezan a ser construidas
de manera distinta porque el movimiento piquetero se divide, y esa división
implica dos tipos de lecturas completamente distintas acerca de las formas de
relacionarse con el sistema político. O sea, que nunca hay una pura relación de
exterioridad discursiva.
El Nudo de la Red.- ¿Le parecería un error que una de esas
construcciones pudiera ser tomada como real? Una situación objetiva al margen
de cualquier construcción discursiva. Diría que puede ser una relación
hegemónica pero nunca algo objetivo en los términos cientificistas.
Ernesto Laclau.- Evidentemente que no, para eso tendría que ponerse
en el caso de ese filósofo platónico que tiene acceso a la objetividad como
tal, pero ¿quién tiene acceso a la objetividad como tal? Uno construye una
cierta objetividad a partir de su experiencia.
El Nudo de la Red.- Conoce
el trabajo teórico del colectivo Situaciones en Argentina y si hay relación con
sus planteamientos.
Ernesto Laclau.- No lo
conozco. Cuando llegue a Buenos Aires preguntaré.
El Nudo de la Red.- Una
unidad del grupo específica produce una identidad ¿qué otras lógicas
específicas podrían aparecer y qué identidades producirían?
Ernesto Laclau.- Yo creo que toda identidad se construye como una
combinación entre relaciones de equivalencia y relaciones diferenciales. Uno
puede tener relaciones predominantemente referenciales y entonces los objetos
que se van a producir van a ser internos a las representaciones, es decir, ahí
no hay equivalencias que rompan el sistemas cuando este tipo de identidad se
produce, la política pasa a ser administración, por ejemplo el lema de Saint
Simón que era que había que pasar del gobierno de los hombres a la
administración de las cosas, es la expresión de una visión administrativa
tecnocrática del poder constitucionalista completo y no es una casualidad que
Marx haya adoptado este lema para describir la situación que va a existir en la
sociedad sin clases una vez que la esfera política pierda influencia. Ahora, la
otra forma de construir las identidades es a través de las relaciones
equivalenciales, es decir, aquí entonces lo que se crea es una forma de identidad
de los de abajo frente al poder. Ahora, si hubiera un sistema institucional tan
perfecto que toda demanda individual pudiera ser absorbida dentro de sistema,
evidentemente no habría lugar para sujetos populares, lo que habría es una
fosilización total de lo político, un automatismo, y de otro lado, si nosotros
tuviéramos una situación en la cual las equivalencias han disuelto todo tipo de
posición diferencial, ahí el organismo sería completamente sicótico en el que
no habría posibilidad alguna de establecer ninguna posición social
relativamente estable. Pero la idea de lo social no está polarizada entre el
manicomio y el cementerio sino que siempre es una combinación de las dos cosas.
Lo institucional nunca predomina hasta el punto en el cual lo humano popular lo
rebase, y lo popular tiene que combinarse excepto en periodos de crisis
orgánica en que se disuelve el tejido social, de alguna con lo institucional en
realidad son estas dos variables las que combinadas de distinta forma son las
que producen formaciones hegemónicas que tienen una cierta estabilidad a lo
largo del tiempo, pero yo creo que estas son las dos dimensiones. A nivel
lingüístico esto correspondería a la distinción de Saussure entre las
relaciones de combinación y de sustitución, y a nivel psicoanalítico
correspondería a la distinción entre lo simbólico y lo Real. Lo Real sería
equivalencial y subvertiría las posiciones diferenciales de lo simbólico.
El Nudo de la Red.- ¿Cuál es la contribución de su trabajo a la revolución de nuestro tiempo?
Ernesto Laclau.- En el lenguaje corriente de la izquierda, términos
tales como “lucha de clases”, “determinación en última instancia” o
“centralidad de la clase trabajadora” funcionan –o al menos funcionaron hasta
hace poco- como fetiches emocionalmente cargados cuyo significado era cada vez
menos claro. La tarea político-intelectual actual es ir más allá del horizonte
trazado por esta pusilanimidad, tanto en sus elogios como en sus condenas. El
retorno del “pueblo” como una categoría política puede considerarse como una
contribución a esta ampliación de horizontes ya que ayuda a presentar otras
categorías –como puede ser la de clase- por lo que son: formas particulares y
contingentes de articular las demandas, y no un núcleo primordial a partir del cual
podría explicarse la naturaleza de las demandas mismas.
[1] Figura retórica
que consiste en emplear el nombre de un objeto o un concepto para designar otra
cosa semejante que carece de nombre especial. (Nota
de la Redacción)
[3] Concepto que se refiere a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a
una intuición sensible,
sino a una intuición
intelectual o suprasensible (Nota de
la Redacción).
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